jueves, 21 de febrero de 2013


¡Qué porquería de día! Me temo que no podré salir a la barandilla, voy sin jersey... Voy a reunirles a todos en esta sala, donde puedan estar cómodos. A ver cómo empiezo porque no funciona el router... 
En realidad esta siendo entretenida, debido a que la historia del perro les ha entretenido. Algunos se han empezado a quitar las corbatas, que alivio. ¡He visto a uno sonreir! Les estoy cayendo bien. Seguro que lo aceptan, seguro que lo aceptan. Ahora viene la parte de la residencia de anciano. Admito que había supuesto que iban a llorar, pero ninguno ha soltado una lágrima. Creo que lo de mis amigas no lo cuento, que no voy a triunfar en absoluto. El del final de la izquierda esta mirandose las uñas mientras que el de la primera fila me mira el escote, o el chichón de la cabeza... ¡qué rabia me da la gente bizca que no se a dónde mira!
Las ventanas dan al pasillo y veo al becario ir a por el café. Sigue con la resaca de las 10:00. Siempre viene con la mirada perdida, una lástima.
Los tacones me matan, me distraigo y respondo muy incorrectamente e incoherentemente las preguntas que me hacen. 
Al fin se levantan, se oyen aplausos distraídos y sin sentido mientras circulan a través de la puerta en línea recta y despacio a la par que las nubes dan sombra a sus zapatos. Yo mientras pensaba en qué iba a cenar esta noche.







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