Con el frío que hace debería poner la calefacción, pero con el poco sueldo que me pagan...¡Hay si la vieja Carmela me viera sin jersey! ¡Pobre de mi!
Ya llegué a la oficina, saludo a Frewer, el canario de la secretaria, dejo mis cosas y acudo de inmediato a la barandilla. Que viejos todos los señores que hay aquí, y todos mirándome el chichón, ¡Qué rabia no haber pasado por el baño!
Me anoto lo que tengo que hablar a esta pandilla de abueletes, los cuales me escuchan atentamente. Estome alegra y deseo que salga igual de bien a los que estén interesados en mi proyecto. ¿Cuantos se habran quedado en la sala? ¿treinta? ¿cuarenta?
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